EPÍLOGO

¿Qué día es hoy?, se me ha pasado la semana volando….
Tenía preparado otro capítulo para contaros, pero debido a los mensajes que me habéis dejado  por diferentes cauces, he decidido improvisar y  cerrar el tema de Miss Rhea de una vez por todas ya que  veo que os preocupa.

Pues bien, esto fue lo que pasó…
……


NADA.
NA-DA- MÁS. ¿Y ahora qué?



Pues que os doy el resto del domingo libre para que os dediquéis a otros menesteres y no  estéis pegados con la nariz al ordenador todo el día….. ¿Qué estáis haciendo ahí? Salid a tomar el sol, o a aprender hebreo… o encaje de bolillos…o a tomar el aperitivo (envidia de aperitivo…esas tapas, hmmm!!!)…¡¡¡¡yo que sé!!!!
¿No cuela, no?

Vale, está bien, os contaré la última, la que he conseguido recordar rascando entre mis recuerdos, pero he de avisaros que seré breve y que este capítulo difiere mucho de lo que estáis acostumbrados a leer...La próxima semana retomaremos antiguas costumbres.
 Allá vamos….
“Miss Rhea no pasó de un frío “Good Morning” cada mañana e incluso a veces ni eso. Le resultaba mucho más gratificante volverme la vista justo cuando yo acababa de iniciar el saludo. No volvió a citarme  en su despacho en ninguna otra ocasión, supongo que porque masoquista tampoco era ….Miss Rhea se encargó de comunicarme a través de Miss Ivanka, la profesora de apoyo que hablaba español, cualquier notificación escolar y rehuía encontrarse conmigo a solas en los pasillos supongo que por miedo a que le contase mi vida. Alguna vez me pareció ver que me observaba mientras yo trataba de entablar conversación con alguna inglesa y me pareció también observar  que en sus ojos había un pequeño brillo de incredulidad cuando veía que otras madres anglosajonas se acercaban a mí para charlar solo por el mero placer de hacerlo. Creo que rompí todos sus esquemas acerca del grado de interacción en las relaciones, aunque he de reconocer que yo misma estaba sorprendida de como había conseguido hacerme un hueco en aquel  exclusivo grupo sin tener ni pajolera idea de inglés; incluso hasta era tremendamente popular entre las madres, y no solo por  mis meteduras de pata.
A mediados del mes de Enero, después de la vuelta de vacaciones se organizaron en las clases unas jornadas internacionales. Se trataba de dar a  conocer a los niños las diferentes culturas que convivían en el colegio. Pidieron la colaboración de los padres para ir a contar cuentos o pequeñas historias acerca de su país de origen en su lengua materna….y SÍ…fui!            ¡Menuda suerte ir a contarles alguna historia a los niños en español!, era el momento de demostrar a todos mis capacidades. Sentía que tenía la sartén por el mango, no me asustaba lo más mínimo encontrarme con quince niños a los tenía que contar el cuento de “Los Tres Cerditos” millones de veces contado anteriormente; pensé: “esta es tu oportunidad, la oportunidad para demostrarle a Miss Rhea que eres una persona con formación, con muy buenas aptitudes como educadora y con un currículum excelente, labrado con mucho esfuerzo, sólo en español de acuerdo, pero con mucho esfuerzo”.
Me confeccioné unas marionetas con imaginación para despertar el interés de los niños en el relato y preparé unas canciones repetidas hasta la saciedad a lo largo de estos años,  de indudable éxito entre el público infantil, vamos, que apliqué los trucos que nunca fallan para ganarse a los niños, porque de otra cosa no sabré (como por ejemplo, de escribir…) pero de niños……………..
El día de la representación conseguí que mi público lo pasara en grande, que escucharan con atención lo que les estaba contando, algo difícil para  algunos niños que habían oído el español tres veces en su vida y dos de ellas a  través de la canción de Shakira en el mundial de fútbol….y justo en el momento en el que tenía a todos enganchados a la historia….apareció Miss Rhea...
Me miró.
La miré.
Abrió los ojos de par en par, dejando caer sus gafas involuntariamente, y comprobó que el grupo de niños más movido de toda la escuela estaba en absoluto silencio, casi sin respiración…… y…… la responsable de todo eso era la madre española que  ella había tomado por una inútil, que no sabía hablar y con la que no quería tener relación alguna.

Permaneció en el quicio de la puerta, observando la escena,  en el preciso instante en el que  yo recitaba una de las partes más significativas del cuento, el momento en el que el lobo sopla y sopla a la casita con ademanes prepotentes y el cerdito trabajador le responde sin atisbo de duda:
“Sopla y sopla, lobo malo,
Porque no conseguirás….
Derribar con tus soplidos
Los ladrillos de mi hogar…..”
Todo esto lo dije mirando a los ojos de Miss Rhea, fijamente, con una sonrisa burlona en mis labios,  aún a sabiendas de que ella no entendía una palabra de lo que yo estaba recitando. No fue necesario, no hizo falta. Creo que captó el mensaje. Mis maneras denotaban seguridad.  La seguridad del lobo feroz al soplar, pero al mismo tiempo la confianza del cerdito  trabajador, la confianza de aquél que sabe  que superará las dificultades a pesar de las burlas.
Con eso me bastó. Fue mi pequeña venganza hacia Miss Rhea.
Ella había ganado otras batallas hasta entonces, pero definitivamente era yo la que había ganado la guerra.”


Nos vemos el próximo domingo con:

UN DÍA COMO OTRO CUALQUIERA
Cada día, mi despertador suena a las 7 menos diez, aunque lo cierto es, que no consigo levantarme antes de las 7 y cinco.  Suelo ser bastante metódica. Cuando consigo….”

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